Hacernos sentir: la clave del Marketing Experiencial

Cualquier empresa que disponga de una estrategia de marketing competente sabe que buscar la satisfacción del cliente ha dejado de ser el objetivo principal de su estrategia para diferenciarse de la competencia. En un mercado en el que ya apenas existen diferencias entre los atributos de las marcas, es necesario que el cliente, además de quedar satisfecho con el producto o servicio que adquiere, logre conectar con la marca y sentirse plenamente identificado son ella: con sus valores, con sus historias, con sus anuncios…

Ahora se trata, en definitiva, de hacer sentir, de lograr que los consumidores, mientras están haciendo uso de determinados productos o servicios, sean capaces de reflexionar sobre algún aspecto de su vida. De esta forma Coca Cola se empeña en que seamos felices mientras disfrutamos de su refresco, Nespresso quiere que vivamos cada mañana esa situación de placer que nos da su primer sorbo, calzarnos unas Nike o unas Adidas nos hacen sentir libres y comprar en el Corte Inglés nos hace sentir seguros porque si no nos gusta sabemos que nos devuelven nuestro dinero.

Hacernos sentir; ese es el objetivo que persiguen actualmente las estrategias de marketing experiencial. Nada extraño si tenemos en cuenta una máxima estudiada por la rama de la psicología que se basa en afirmar que la percepción que las personas tenemos sobre otras personas o sobre las cosas, depende de cómo éstas nos hagan sentir. Así de sencillo y así de complicado a la vez.

¿Quién no ha experimentado esa sensación de satisfacción plena en un restaurante en el que su personal te recibe con una sonrisa sincera?. O ¿Quién no ha experimentado el placer de llegar a un probador y encontrarse esa butaca que logra disipar tu cansancio y te hace sentir de nuevo vigoroso y con fuerzas para acabar tu jornada de compras?. ¿Y el llegar a ese stand de feria al que te ves obligado a acudir por motivos de trabajo y mientras esperas para ser atendido alguien te ofrece asiento y un delicioso zumo que te hace sentir con la misma energía como cuando te despertaste hace ya 10 horas?

Tener la experiencia de sentirnos bien tratados es algo que crea en nosotros un recuerdo inolvidable. Un recuerdo que nos vincula a la marca mucho más que cualquier prestación técnica o descripción de atributos con los que cualquier firma quiera grabarse en nuestra memoria.

El marketing experiencial es el presente y será sin duda el futuro. Las empresas que no lo entiendan y, sobre todo, las empresas que no lo practiquen, tendrán serias dificultades para sobrevivir.

¿Practica tu agencia el principio de la persuasión?

Persuasión: atraer al público, provocar su asombro y lograr que pase a la acción

Nadie está a salvo. Si piensas que eres de los que no les afecta la publicidad por el mero hecho de ser un profesional del sector y saber cómo se construye un mensaje persuasivo, mal vamos. La neurociencia en general y el neuromarketing en particular son disciplinas que desde hace ya años se dedican a analizan cada movimiento de nuestro cerebro cuando se expone a algún impacto comunicativo-persuasivo. Todo pasa por el subconsciente. En más de la mitad de las ocasiones, no somos conscientes de que algo está “persuadiéndonos”.

La persuasión no es mala. De hecho creemos que es algo intrínseco a toda actividad comunicativa; cuando desde Símbolo Gráfico construimos un stand para una feria queremos persuadir a nuestro público para que se pare ante nosotros. Si trabajamos en el diseño gráfico de un folleto comercial, queremos persuadir a nuestros clientes para que se detengan a ver nuestros productos en cada una de nuestras páginas. Da igual el producto comunicativo en el que estemos trabajando; absolutamente todos deberían tener la finalidad de atraer al público, captar su atención y sugerirle que pase a la acción.

Este simple principio que rige la Publicidad y el marketing es muchas veces olvidado por las agencias a la hora de “construir ideas”, y un mensaje comunicativo que no esté elaborado desde el principio de la persuasión está abocado al más rotundo fracaso.

Creemos que la persuasión se sustenta en tres pilares:

Por un lado, persuadir es tener en cuenta el público al que me dirijo y tener un profundo conocimiento sobre él. Un conocimiento real de cuáles son sus verdaderas necesidades y trabajar para cubrirlas. Persuadir es querer ayudar sinceramente a nuestros clientes. Pensar en ellos, ponernos en su piel, imaginarnos qué sentiría cuando se relacione con mi producto comunicativo…

La persuasión también es conocerme a mi mismo como agencia; saber quién soy, qué limites tengo y cuáles son mis puntos fuertes. En definitiva, para ser persuasivo debo trabajar respetando mi misión, mi visión y mis valores. Si lo queremos aún más sencillo, podemos decir que ser persuasivo es también trabajar desde la honestidad y demostrar a nuestro cliente que puede confiar en nosotros porque sabemos lo que hacemos.

Por último, ser persuasivo es sentir la necesidad de sorprender y tener la vocación de asombrar al que interactúa con mi producto comunicativo. Querer entretenerle, participar de su   bienestar, hacerle reír, hacerle llorar o simplemente hacerle reflexionar. Cualquier cosa menos dejarle indiferente.

Nada nuevo; Aristóteles resumía estos tres aspectos sobre la persuasión a través de su magistral fórmula: Ethos (la credibilidad del que comunica. En nuestro caso nuestra agencia), Pathos (La vinculación y el conocimiento sobre la audiencia a la que me dirijo; empresas o gran público) y Logos (El mensaje/producto comunicativo que finalmente elaboro teniendo en cuanta a Ethos y a Pathos.

Para terminar queremos dejar claro que los principios de la persuasión son fáciles de entender pero complicado de llevar a cabo. Incluso desde nuestros 18 años de experiencia, en ocasiones tenemos que parar y preguntarnos: ¿Es esto lo que necesita nuestro cliente?. ¿Seremos capaces de crear asombro?.