El arte de contar historias

La Publicidad, el Márketing, la Comunicación, la Neurociencia. Todas las disciplinas que en la actualidad analizan el impacto que los mensajes tienen sobre las personas que los reciben insisten en hablarnos de las historias como el ingrediente más valioso para convencer.

Cualquier agencia o empresa que se dedique a “construir” mensajes para persuadir a su audiencia, no logrará hacerlo a menos que aprenda a contar historias.

El milenario arte de contar historias ha sido hoy bautizado como “el arte del Storytelling”; una disciplina en la que cada vez más agencias de marketing y más profesionales del sector deciden especializarse.

Pero. ¿Por qué las historias tienen tanto poder a la hora de convencer? ¿Por qué se han puesto de moda contar historias? ¿Qué historias son las que realmente logran convencernos?

El arte de contar historias es, como lo hemos llamado más arriba, un arte milenario; hace más de 3000 años que la mitología griega nos lleva contando historias que han llegado hasta nuestros días. De hecho, muchas de estas historias siguen inspirando a numerosas marcas comerciales que adoptan nombres inspirados en diferentes relatos mitológicos. Este es el caso de firmas como Pandora, Nike, Olympus o Sephora.

En la mitología griega Pandora fue “la primera mujer” creada por Hefesto por orden de Zeus. Niké era la diosa griega de la victoria, El Monte Olimpo inspiró a la compañía de origen japonés, Olympus. Por último, el vocablo “sephos”, que en griego significa “bello”, dio nombre a la marca de cosméticos de origen francés, Sephora

Todas estas marcas decidieron recurrir a la mitología para dar sentido a lo que hacían y poder contectar, a través del nombre que las representa, con sus diferentes públicos.

Las historias logran conmovernos y, más allá de convertirse en meros instrumentos de manipulación como algunos especialistas han decidido definir a este arte, logran vincularnos con experiencias o que bien ya hemos vivido o que bien nos encantaría poder vivir.

Las historias nos inspiran y nos hacen creer que un mundo mejor es posible. Nos permiten identificarnos con sus héroes y nos impulsan al movimiento creador que el protagonista de la historia es capaz de llevar a cabo.

Una buena historia es esencial porque, tal y como nos recuerda el escritor Eduardo Galeano, “los científicos dicen que estamos hechos de átomos, pero a mí un pajarito me contó que estamos hechos de historias”.

Todos podemos aprender a contar historias y todos los productos deberían contar historias; una simple taza puede seguir siendo una simple taza o puede convertirse en una historia si en ella podemos leer “con cada sorbo me acuerdo de ti”. Un stand de feria puede ser un simple stand de feria o puede convertirse en una historia si logras que tus clientes vivan en él una experiencia única. Una página web puede ser tan solo un espacio de compras o puede convertirse en la puerta de entrada hacia una profunda reflexión si al recibir en ella a tus clientes no tienes miedo de recordarles que “No somos nuestro trabajo. No somos nuestra cuenta corriente. No somos el coche que tenemos. No somos el contenido de nuestra cartera. No somos nuestros pantalones. Somos la mierda cantante y danzante del mundo”. Estas palabras las pronunció Brad Pitt en “El club de la lucha” y sin duda que por sí mismas logran contarnos una historia y, lo más importante, logran hacernos reflexionar.

Muchos creen que contar historias es algo complejo y tedioso y muchas son las marcas que siguen sin contarlas. Sin embargo, existe una sencilla fórmula que nos puede ayudar a construirlas. Tan solo se necesitan 4 ingredientes: orden en las palabras, sentido pleno, una pizca de entretenimiento y, lo más importante, que logren hacernos reflexionar.

Sin duda creo que lo más importante es que la historia que acompaña o que representa a nuestra marca no nos dejen indiferentes, que nos remueva por dentro y que nos hagan pasar a la acción.