Dime cómo te comunicas y te diré quién eres

No han sido pocos los personajes célebres que nos han dejado alguna píldora de sabiduría sobre lo importante que es aprender a comunicarnos con nuestros semejantes: Ernest Hemingway decía que : “Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar.” Por su parte, el artista francés, Jean Cocteau nos recordaba lo siguiente: “Un egoísta es aquel que se empeña en hablarte de sí mismo cuando tú te estas muriendo de ganas de hablarle de ti.” Por último, el erudito del Renacimiento italiano, Leonardo Da Vinci, proclamaba que: “Quien de verdad sabe de qué habla, no encuentra razones para levantar la voz.”
Todas estas máximas nos recuerdan algo tan básico como lo fundamental que es que aprendamos a comunicarnos de forma eficaz.
La comunicación es inherente al ser humano y se encuentra presente tanto en el ámbito laboral, como en el ámbito personal. Además, si hay algo en que los expertos en comunicación están de acuerdo es en reconocer que lo único que las personas no podemos hacer es “no comunicar”.
Sabemos que la comunicación es un proceso que se estudia desde diferentes perspectivas y es la comunicación interpersonal la que constituye la base para el correcto funcionamiento de la sociedad, de los grupos y de las organizaciones.
A través de la comunicación interpersonal nos ponemos en relación con el otro, permitiéndole conocer nuestras ideas, pensamientos y emociones.
La comunicación interpersonal es uno de los factores que más contribuye al éxito o al fracaso de nuestras vidas.
Desgraciadamente, en nuestros sistemas educativos no existe ninguna asignatura que nos enseñe a saber cómo podemos mejorar nuestra comunicación con los demás. Es un tema que parece darse por sabido y ante el que todos tenemos la obligación de saber. Este error nos lleva a crecer sin haber aprendido a manejar nuestros recursos comunicativos.

Si bien es cierto que la comunicación humana es algo que, es su faceta más básica, se aprende de forma innata, también es cierto que la comunicación es una competencia que se aprende y se perfecciona a lo largo de toda nuestra vida.
En muchas ocasiones no nos comunicamos porque creemos que no es políticamente incorrecto decir ciertas cosas. Otras veces no nos comunicamos porque nos sentimos incapaces de afrontar el acto de valentía que requiere dirigirnos a la otra persona para decirle lo que nos está pasando. En otras ocasiones, en lugar de comunicar cómo nos sentimos, nos quedamos esperando a que sea la otra persona la que adivine qué es lo que nos pasa. Y así vamos acumulando conflictos que en la mayoría de los casos se quedan sin resolver y contribuyen, por lo tanto, a ir construyendo corazas con las que aprendemos a vivir. Construimos máscaras que cada vez nos alejan más de la realidad de quienes somos. Y comenzamos a sufrir.
Siguiendo a Teresa Baró, gran experta en temas de comunicación humana, destacaré cuatro actitudes que contribuyen a tener conflictos en nuestra comunicación interpersonal:

1. Mostrar una actitud negativa ante la vida
Es bastante habitual encontrarnos con gente que constantemente se muestran pesimistas ante la vida. Para ellas parece que siempre hace mal tiempo, o bien por exceso de calor o bien por exceso de frio.
Dichas personas siempre creen tener mala suerte en la vida y además siempre encuentran a un culpable al que achacar todo lo malo que les sucede. Lo normal para ellas es que el mundo esté confundido y que la única razón válida que exista para interpretar correctamente las cosas sea su propia razón. Destaca también la habilidad para desconfiar constantemente de los demás. Siempre están pensando que la gente quiere aprovecharse de ellos y siempre sienten la necesidad de vivir a la defensiva para evitar que nadie se ría o se beneficie a su costa.
Todas estas actitudes se reflejan a través de los diferentes lenguajes que manejamos. Es muy probable que éstas mantengan una postura corporal y realicen gestos que manifiesten su pesimismo. También su lenguaje verbal está repleto de palabras como: “no me lo creo”, “no me fío un pelo”, “no me vas a convencer de lo contrario”, o “no voy a permitir que te rías de mí”.

2. Mostrar una actitud defensiva
Existen algunas personas que, al no haber ido gestionando bien su comunicación interpersonal, quizá por no contar con las herramientas necesarias para ellos, se han ido creando una coraza o un escudo con el que conviven las 24 horas del día. Son las que sienten la necesidad de vivir constantemente a la defensiva de los demás. Para ellas, existe peligro en todos los ámbitos de la vida. No logran confiar en nadie y les parece que en cualquier momento alguien se acercará a ellos para traicionarles, engañarles, aprovecharse de ellos, etc.
La mayoría de las veces todas las amenazas que estas personas sientes son sólo fruto de su imaginación. Sin embargo ellas lo viven como algo que está sucediendo realmente. El resultado es que se muestran al mundo a través de un lenguaje no verbal agresivo manteniendo posturas de protección y de ataque. En cuanto al lenguaje verbal que utilizan, éste está siempre cargado de violencia y de ira.
Su voz recoge constantemente matices irónicos y de mando, como si quisieran demostrar que están siempre preparados para la “lucha”.

3. Mostrar una actitud soberbia
En este caso hablamos de aquellos que parecen estar encantadas de haberse conocido. Son aquellos que se muestran al mundo a través de un discurso lleno de los logros y de las victorias que van acumulando. Sienten que siempre deben ser el centro de atención de todas las miradas y de todos los oídos que les rodean.
Suelen ser personas que no aceptan críticas y que tienen muy poca tolerancia a la frustración.
La relación con ellas es difícil porque no suelen mostrar un atisbo de empatía para ponerse en el lugar del otro.
La postura que suelen mantener este tipo de personas está cerca de lo altanero y de la chulería. Todos sus gestos lo manifiestan: barbilla levantada y espalda demasiado erguida. También suelen evitar mirar a los ojos a la gente como síntoma de creerse superiores.
En cuanto a su lenguaje verbal encontramos en ellas expresiones que siempre llevan incorporadas la palabra “yo” y suelen construir frases complejas llenas de grandilocuencia.

4. Mostrar una actitud de exceso de confianza
Entre este grupo de personas se encuentran aquellas que siempre se muestran extremadamente encantadoras y siempre irradian un exceso de alegría. Son personas que sienten la necesidad de caer bien al otro. Siempre se muestran inmensamente felices de encontrarse con alguien y siempre se muestran excesivamente aduladores. Suelen bromear y reírse con demasiada facilidad.
A la hora de manifestarse verbalmente suelen hacerlo con un tono de voz muy alto y usando términos como: “estoy feliz”, “estás increíble”, “me encanta tu vestido”, “eres ideal”.
Además suelen mostrar una comunicación no verbal muy abierta, con gestos amplios y procurando mantener de forma constante el contacto físico con su interlocutor.
Quizá todos nosotros nos reconozcamos un poco en cada uno de estos perfiles descritos. Todos nos mostramos en ocasiones con una actitud negativa. Todos vivimos un poco a la defensiva y a todos nos gana a veces la batalla la soberbia y la necesidad de agradar a los otros.
El primer paso para escapar de estas actitudes está en hacernos conscientes de cómo nos comunicamos con el mundo. Después deberemos de comenzar a analizar el porqué de dichos comportamientos y finalmente seremos capaces de afrontar el cambio cuando descubramos que no tenemos nada que perder al hacerlo y sí mucho que ganar.
A nadie le gusta estar cerca de personas que se muestran siguiendo los patrones de comportamientos descritos. Y si nos sentimos solos o sentimos que el mundo está al revés porque nadie nos comprende, tendremos la clave para saber que tenemos que comenzar a trabajar en cambiarnos a nosotros mismos.
Cambiar nuestros patrones de comunicación comienza por un viaje hacia nuestro interior. Ver qué no está funcionando y porqué. Después sólo queda ponernos manos a la obra.

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